miércoles, mayo 25, 2016

DE LICENCIATURAS Y DOCTORADOS

 El título de doctor se considera el summum, que es como decir el no va más de una determinada especialización en el conocimiento de una materia cualquiera. La licenciatura es un grado inferior, el título que faculta al interesado para ejercer la docencia en la materia que sea, la licentia docendi en esa materia concreta. Claro que quien ejerce la enseñanza de esa materia concreta, ejerce propiamente como doctor, por cuanto esta palabra significa "el que enseña", el enseñante. Yo, que he sido 'enseñante' durante toda mi vida (académica) no tengo oficialmente el título de doctor. Mis saberes, o conocimientos, se nutren, en buena parte, de la experiencia. A este propósito, he bromeado alguna vez diciendo que yo soy doctor 'doloris causa', como otros lo son 'honoris causa'.
Pude haber obtenido el doctorado hace muchos años. De hecho estuve matriculado, en la Universidad de Extremadura, de los Cursos de Doctorado, durante los bienios 93-95 y 95-97. Pero, por falta de información (no se me asignó ningún tutor que me orientase en este aspecto) no se me acumularon los créditos del primer bienio a los del 2º, por no haberlo solicitado previamente (era preceptivo hacerlo, pero nadie me informó) En resumen, me quedé en licenciado, a secas.
En la Complutense realicé los estudios de licenciatura en la especialidad de Filosofía y obtuve mi titulación. Luego, en la Universidad de Extremadura, leí mi tesina de licenciatura que versó sobre Poemas panegíricos latinos de Vicente García de la Huerta a los primeros reyes Borbones. Repárese: me licencio oficialmente en una Facultad que no fue la que expidió mi titulación, y en una asignatura que no fue la de mi especialización. A esto se llama, en puridad, 'hacer lo que se puede'. Porque por razones de trabajo (y de carencias básicas pecuniarias) tuve que hacerlo todo 'por libre'.
¿Tesis doctoral? No la escribí. Pero mi libro De la Vida a la Teoría puede, muy bien, pasar por una tesis doctoral. Las enseñanzas de la vida se plasman en él. Uno de los ensayos en él incluidos podría muy bien ampliarse y presentarse como tesis doctoral. Me refiero al titulado "Dos aspectos de la cosmovisión barroca: la vida como sueño y el mundo como teatro". A falta del título académico de doctor, me he resignado a ser sólo doctor 'doloris causa'. 

viernes, mayo 13, 2016

AYER Y HOY DE LA CRUZ DE LOS CAÍDOS DE ACEUCHAL

 

  Entre una y otra foto pueden muy bien me-diar hasta sesenta años.
En la primera foto, en blanco y negro, se ven las casas de Montero (un señor adinerado que no residía allí, pues su residencia habitual estaba en Villafranca) y la casa más alta, al fondo de la cruz de los caídos, que era la vivienda del médico, Don Agustín Delgado Mayoral y familia. En la primera foto las palmeras aún eran pequeñas. En la foto de la derecha, en color, se puede apreciar cuánto han crecido respecto al tamaño que tenían a principio de la década de los 50. Los tres cuerpos visibles de la iglesia parroquial corresponden, de izquierda a derecha, respectivamente, a la sacristía (con una ventana a la cruz de los caídos), a la capilla del sagrario (sin ventana al exterior por este lado) y a la nave central de la iglesia, con la puerta lateral de entrada que corresponde al lado del evangelio. La torre aparece ya reformada en lo que respecta al campanario y a la casilla del reloj.
 A esa torre subí muchas veces, siendo monaguillo, a dar cuerda al reloj. La obligación correspondía al sacristán, el señó Lorenzo, pero me la endosaba a mí. No sé cómo no me descalabré bajando a la carrera aquellos escalones de bordes desgastados. La escalera tenía dos tramos: el primero, que va del coro a la que se llamaba la 'tabluna'; el segundo era el que conducía al campañario, a cielo descubierto. Desde arriba se 'repicaba' mejor, al ser menor el trayecto de las sogas a las campanas. Estoy hablando de la época en la que tenía yo entre 11 y 12 años, pues a los 13 ingresé en el Seminario de Badajoz. El párroco Trenado (con el que fui monaguillo) falleció en el año 50. Dos años después yo abandoné el Seminario. Mi primer trabajo fue el de profesor contratado de Latín en el colegio de San Antonio, de Almendralejo. Iba y venía diariamente desde Aceuchal, en bicicleta. Por cierto, recuerdo a la célebre señá Gabina, que hacía el mismo camino a pie. Ella tiene un monumento en Aceuchal. Y yo tengo la suerte de vivir para contarlo.
 
 

viernes, mayo 06, 2016

LA CRUZ DE LOS CAÍDOS, SÍMBOLO DE LA PROPAGANDA FRANQUISTA

Cruz de los Caídos de Aceuchal (años 50)

Las cruces de los caídos, todavía existentes en no pocos pueblos y ciudades de la geografía española, representan un anacronismo persistente de la propaganda franquista, que debería desaparecer definitivamente del panorama urbano. No es nada contra la religión, sino contra su utilización política por la propaganda del régimen que secuestró, durante más de 40 años, las libertades de los españoles.
En algunos pueblos de la geografía extremeña (este es el caso de Zafra) la cruz de los caídos ha sido definitivamente reubicada en el cementerio. En muchos otros pueblos se ha mantenido el símbolo, aunque procurando ponerlo al día, de manera que se entendiera también como representativo de los caídos del ‘otro bando’. Hubo que tratar de readaptar las inscripciones, a fin de  que se comprendiera que la cruz amparaba también a esos ‘otros caídos’. Para dar a entender que la cruz abarcaba, bajo sus brazos, a los caídos por cualquiera de las dos causas en liza, se aplicó la palabra ‘todos’. Pero ese afán de abarcar se extendió a los caídos en ‘todas las guerras civiles de España’. Incluso, como figuraba en una inscripción de Almendralejo, “a todos los caídos en las guerras de España”. En la actual inscripción de la cruz de los caídos que hay en mi pueblo (Aceuchal) se lee: “A todos los caídos de Aceuchal en las guerras civiles de España”. Se difumina un poco la más reciente de esas guerras civiles (la que más cerca está de nosotros) en una pluralidad de presuntas guerras civiles. No. Ese monumento se hizo, como tantos otros en España, para cohonestar las matanzas franquistas a instancias de Yagüe, Varela y otros, que dieron carta blanca a la derecha para exterminar a sus conciudadanos y convecinos. Esos monumentos perpetúan el franquismo y es torpe tratar de reciclarlos para la democracia. La memoria histórica debe hacerlos desaparecer.